El 3 de enero de 2026, Venezuela despertó bajo las bombas. La potencia militar más grande de la historia decidió que nuestra soberanía era un obstáculo para su imperio. En cuestión de horas, secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, anunciaron una ocupación indefinida y nos ofrecieron, como a los antiguos melios, una elección terrible, colocándonos frente a un muro de hierro.
Ese hecho obligo al gobierno de Venezuela a tener que elegir un camino, de tres caminos posibles.
Como pueblo, merecemos saber cuáles eran, por qué se tomó la decisión que se tomó y, sobre todo, entender que no fue cobardía: fue la única forma de que hoy sigamos respirando como nación.
Las tres puertas
Puerta N° 1: La Realpolitik (la opción elegida)
“Sobrevivir para recuperarnos después”
Consistió en aceptar los hechos consumados. Maduro secuestrado, Delcy Rodríguez asumiendo bajo tutela militar estadounidense, control externo del petróleo a cambio de que no bombardearan Caracas, Maracaibo o Valencia.
Costo: Perdida temporal de soberanía económica y política. Un gobierno tutelado. Humillado para muchos.
Beneficio: Cero bombardeo masivos. Cero millón de muertos. Cero refugiados en las playas de Trinidad y Colombia. El Estado Venezolano siguió existiendo, aunque maniatado.
Esta no fue una elección cómoda. Fue la elección de un cirujano que amputa una pierna para salvar la vida del paciente.
Puerta N° 2: El idealismo pasivo (opción romántica)
“Llamemos a la ONU y esperemos un milagro”
Algunos decían: “No nos rindamos, apelemos a la comunidad internacional, a los tratados, a la carta de la ONU. La justicia nos salvara”
El problema: La historia ya respondió esta pregunta en el año 416 antes de cristo.
Los melios confiaron en la justicia, en los dioses y en que Esparta vendría a ayudarlos.
Los atenienses los masacraron a todos y esclavizaron a sus mujeres y niños.
En 2026, ¿Quién iba a venir? ¿La ONU con soldados imaginarios? ¿Europa dependiente del gas estadounidense? ¿Brasil o México con buques de papel?
Esta opción no era ética: era ingenua.
Nos habría llevado a una matanza sin haber disparado un tiro.
Puerta N° 3: La resistencia heroica (la opción del guerrero).
“Morir con dignidad, aunque sea sin chance”
La más tentadora para el orgullo. La de empuñar el fusil, salir a las calles, convertir cada cerro en una trinchera y decir al imperio: “Aquí no entras sin pagar un precio altísimo”.
¿Qué se necesitaba para que funcionara?
Un aliado externo real (no declaraciones de apoyo).
Garantías de que Rusia o China intervendrían con sus fuerzas.
Misiles capaces de hundir portaviones y derribar cazas F-35.
Un costo doméstico para Estados Unidos que les hiciera imposible sostener la guerra.
¿Teníamos eso? No. Rusia tenía acuerdos de cooperación, pero una alianza militar. China tenia negocios, pero no flotas en el Caribe. Ambos estaban lejos, distraídos en sus propias guerras y enemistades.
Sin esas condiciones, la resistencia heroica no era heroísmo: era suicidio colectivo. Convertir a Venezuela en una nueva Numancia: un pueblo arrasado, pero con una placa de bronce que diría “Aquí murieron con dignidad”. La dignidad no resucita a los muertos.
¿Por qué la opción 1 fue la correcta?
Porque en política, como en la vida, la primera obligación de un gobierno es que su pueblo siga existiendo.
La opción 2 nos dejaba indefenso ante las bombas.
La opción 3 nos lanzaba a una carnicería innecesaria, sin aliados reales.
La opción 1 nos permitió respirar, reorganizarnos y ganar tiempo.
El tiempo es la única moneda que tienen los débiles. Venezuela perdió soberanía, sí, pero no perdió a sus hijos. No perdió su territorio arrasado. No perdió la posibilidad de, en algún futuro, retomar lo que hoy se ha cedido.
Un pueblo muerto no se levanta, un pueblo tutelado, sí.
Lección para el pueblo Venezolano.
No confundamos realismo con traición. Confundir el valor con la necesidad ha sido el error de muchos pueblos que hoy solo existen en los libros de historia.
Nuestros enemigos querían dos cosas: nuestro petróleo y nuestra aniquilación. La opción 1 les dio solo la primera. La opción 2 o 3 les habría dado ambas.
Hoy no tenemos una democracia plena. Hoy no tenemos soberanía petrolera. Pero hoy estamos vivos. Y los vivos, con organización, con conciencia y con el tiempo a nuestro favor, podemos construir el futuro que los muertos jamás tendrían.
Esa no es una derrota. Es una retirada estratégica. Y a veces, retirarse es el acto más valiente que puede hacer un guerrero.
Articulo basado en el análisis comparativo del conflicto EE.UU.-Venezuela (3 de enero de 2026) y el “dialogo de los Melios” de Tucidides, adaptado para la orientación del pueblo Venezolano.
Elaborado por: Rubén Romero / Publicado en Aporrea / 05.05.2026 / Foto Internet




